Herlinde Koelbl – Fotografías
Exposición
Del 17 de julio al 1 de noviembre de 2009
Exposición
Del 17 de julio al 1 de noviembre de 2009
Entidad organizadora
Berliner Festspiele
Colaboradores mediáticos rbb Inforadio, rbb Kulturradio, rbb Fernsehen
Información
Tel +49 (0)30 254 86-0
Fax +49 (0)30 254 86-107
E-Mail
www.gropiusbau.de
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Lo que impulsa a la gente
Acerca de las fotografías de Herlinde Koelbl, 1976–2009
“Los seres humanos somos imprevisibles” fue la respuesta que dio cierta vez Herlinde Koelbl al preguntársele por qué razón no fotografiaba montañas o paisajes. Estas palabras quizás dejan ya entrever lo que hace tan sui géneris la labor de esta gran artista fotógrafa. Su ambición es entender a las gentes, comprenderlas, averiguar algo sobre su estilo de vida, su entorno, dónde están las apariencias y dónde la autenticidad, qué cosas las apasionan y cuáles las anonadan. Sus imágenes son vivencias intensas porque nacen de un interés y una curiosidad genuinos hacia la persona retratada, dejando adivinar siempre el respeto por la vida de los demás. Esta fotografía no pretende desenmascarar a nadie, pero sí interrogar con espíritu tenaz y exigente. Así se trate de Gerhard Schröder, el ex canciller alemán, o del marido y mujer retratados en su sala de estar.
Herlinde Koelbl lleva ya más de tres décadas escribiendo la gran novela de nuestra época, capítulo a capítulo, como si todos sus proyectos fuesen eslabones de una misma cadena. El centro de exposiciones Martin-Gropius-Bau de Berlín exhibirá los trabajos de Herline Koelbl, por primera vez en toda su amplitud. Su obra era conocida hasta la fecha en forma a lo sumo fragmentaria. La muestra ofrecerá iconos de la fotografía retratista, pero además muchas imágenes sorprendentes y experimentales.
Esta artista abrazó la fotografía por un hecho realmente fortuito. Un amigo suyo le obsequió en 1976 cuatro rollos de película con los que ella retrató a sus hijos jugando. Herlinde Koelbl no tarda nada en reconocer en la fotografía el medio al que pertenece. No quiere perder el tiempo buscando ejemplos a imitar. No desea quedar cautiva de un estilo determinado, sino alcanzar lo antes posible su sello personal. Paso a paso va adquiriendo destreza técnica, pero sabiendo desde un principio lo que más le va a interesar: los estilos de vida y conducta. Poco más tarde aparece en stern su primer reportaje gráfico en colores sobre unos mercados de Baviera.
Pero los trabajos por encargo no son más que una vía de acceso, mientras anda en busca de temas y proyectos. En 1980 investiga con enfoque cuasi etnológico el aposento predilecto de los alemanes, su sala de estar, “adonde invitan al mundo a entrar para mostrarle lo que tienen”.
Si alguien tuvo esa idea por una banalidad, no tardaría en contemplar imágenes que dicen mucho sobre las gentes que arreglan en muchos casos sus salas de estar para impresionar a otros, como símbolos de status, como escenarios del progreso personal y como códigos cifrados de la pertenencia a una clase. Como contrapartida cabe nombrar su “jornada fotográfica de dormitorio en dormitorio”, realizada con posterioridad y que llevará a su autora alrededor del mundo. Estas miradas dirigidas a los rincones más íntimos tampoco son voyeuristas ni burlonas, sino inspiradas en el don de la descripción relajada. Herlinde Koelbl logra captar como pocos otros fotógrafos la personalidad de un individuo buscando huellas en su entorno, en su día a día y, desde luego, en el propio retratado. Y si el objetivo de la cámara no se da abasto, ella echa mano a la cinta grabadora o a la filmadora para dar responder la única pregunta le importa: ¿de quién se trata? Eso es lo que consigue con grandiosidad en los “Retratos judaicos” a los que dedicó cinco años de trabajo. La fotógrafa narra las historias de los supervivientes del Holocausto aun antes que el propio Steven Spielberg: el menor tiene 70 años; el mayor, 94. “Esta serie marca un hito de mi vida personal. En esos rostros descubrí numerosas huellas de vidas difíciles, mucha tristeza, pero al mismo tiempo una gran modestia y sabiduría”, comenta Herlinde Koelbl. A lo largo de las entrevistas va conociendo destinos atroces, pero en las personas de Erika Landau o Norbert Elias, de Josef Tal o George Tabori se percata de lo que significa vivir sin odio ni amargura. “El odio”, explica Erika Landau, “te destruye a ti mismo. Es como un bumerang”. La artista se sentirá siempre agradecida por esos encuentros que la exigieron bastante. Con Bruno Kreisky y Josef Tal llegará trabar amistad: la primera entrevista irá seguida de muchas más. Momentos dichosos en su vida profesional.
La primera exposición panorámica que se muestra en Alemania es un intento de arrojar más luz sobre el fenómeno Herlinde Koelbl. Para eso se procederá no en orden cronológico, sino temático. Basta conversar con ella sobre temas como la vivienda, la soledad, el trabajo o la violencia para notar en seguida que se está ante una artista conceptual en el mejor sentido de la palabra. Ella reúne todos los medios que necesita para fundamentar su mensaje. Y siempre está ensayando algo nuevo, midiendo fuerzas, probando la viabilidad de sus ideas. Son prácticamente desconocidas sus obras abstractas que acentúan las huellas de lo efímero: grietas en la esquina de una calle, o trozos de madera carbonizada con motivos fascinantes. Huellas de la belleza de las cosas que emergen de su obra una y otra vez. “Mi pensamiento”, dice, “siempre fue previsor, para eso he establecido mis propias normas que me permiten pensar en las cosas de otra manera.
Si un artista se distrae pensando en el efecto que va a producir un trabajo suyo, resulta que está perdido. La libertad de pensamiento, la libertad que exige mi trabajo han sido y son para mí absolutamente determinantes.” La artista se rebela más aún cuando en las casas editoriales le dicen que la edición de sus fotos debe resultar lucrativa.
Lo mismo ocurrió con las “Huellas del poder”, el estudio a largo plazo quizá más importante en torno a las élites de la República Federal Alemana. Como en sus sesiones fotográficas jamás distingue entre personas socialmente importantes y no importantes y se limita a verlas tal y cuales son, Herlinde Koelbl ha conseguido familiarizarse bastante con quince personajes públicos de Alemania, entre ellos Angela Merkel, Gerhard Schröder y Frank Schirmacher. Una cercanía que nadie había alcanzado antes de ella ni alcanzará tal vez después de ella. A lo largo de ocho años fue repitiendo su pregunta sobre cómo un cargo modifica a quien lo desempeña, si deforma la personalidad y cómo lo hace, dónde empieza la adicción y cuándo el “síndrome de abstinencia”. Esta observación es especialmente impactante y acertada en el retrato de Joschka Fischer, el precursor “verde” y posterior ministro de Exteriores. Herlinde Koelbl presencia los cambios de piel de este político que se reinventa una y otra vez para no desdecir su papel y es testigo de sinceras confesiones sobre las desavenencias por él atizadas en su vida privada. Nadie ha contemplado a Fischer con mayor autenticidad que Herlinde Koelbl. Es probable que hoy en día, él ya no concedería más entrevistas para hablar de sus fobias, su fracaso, su incapacidad y sus mujeres. Basta con observar el cambio de postura de Fischer para ver cómo se vuelve a cerrar el caparazón en torno suyo, con un gesto de estadista que ahora vale más que la confesión sincera. Herlinde Koelbl dedicó más de ocho años de labor intensa a los potentados, coleccionando todo cuanto los diarios escribían acerca de ellos. “Así llegué a entender muchas cosas relativas a las estructuras del poder, a beneficios y desventajas, a la confirmación del ego y a todo lo que hace falta para mantenerse en la cúpula”, refiere. “Las huellas del poder” es una tentativa fascinante de verificar en reiterados casos cómo la pretensión habitual de poder invade el propio yo. Herlinde Koelbl lo consigue juntando cercanía con distancia. Más de treinta años dura ya el viaje fotográfico de Herline Koelbl, un viaje en el sentido literal de la palabra, pues ella siempre ha razonado en términos de globalidad. Ahora hace escala en Berlín, ha rebuscado su archivo en busca de trabajos que trasciendan más allá del día de hoy. De ellos hay muchos, muchísimos que conservan su validez, que se han grabado en la memoria colectiva; otros son instantáneas que dicen mucho sin embargo sobre las cosas profundas de la vida, las que tanto importan a esta artista de la fotografía. “Mi interés se centra en el ser humano … pero profundizando más allá de la superficie. Ahí está todo el secreto.” Y el credo artístico de Herlinde Koelbl.
Ingolf Kern
Acerca de las fotografías de Herlinde Koelbl, 1976–2009
“Los seres humanos somos imprevisibles” fue la respuesta que dio cierta vez Herlinde Koelbl al preguntársele por qué razón no fotografiaba montañas o paisajes. Estas palabras quizás dejan ya entrever lo que hace tan sui géneris la labor de esta gran artista fotógrafa. Su ambición es entender a las gentes, comprenderlas, averiguar algo sobre su estilo de vida, su entorno, dónde están las apariencias y dónde la autenticidad, qué cosas las apasionan y cuáles las anonadan. Sus imágenes son vivencias intensas porque nacen de un interés y una curiosidad genuinos hacia la persona retratada, dejando adivinar siempre el respeto por la vida de los demás. Esta fotografía no pretende desenmascarar a nadie, pero sí interrogar con espíritu tenaz y exigente. Así se trate de Gerhard Schröder, el ex canciller alemán, o del marido y mujer retratados en su sala de estar.
Herlinde Koelbl lleva ya más de tres décadas escribiendo la gran novela de nuestra época, capítulo a capítulo, como si todos sus proyectos fuesen eslabones de una misma cadena. El centro de exposiciones Martin-Gropius-Bau de Berlín exhibirá los trabajos de Herline Koelbl, por primera vez en toda su amplitud. Su obra era conocida hasta la fecha en forma a lo sumo fragmentaria. La muestra ofrecerá iconos de la fotografía retratista, pero además muchas imágenes sorprendentes y experimentales.
Esta artista abrazó la fotografía por un hecho realmente fortuito. Un amigo suyo le obsequió en 1976 cuatro rollos de película con los que ella retrató a sus hijos jugando. Herlinde Koelbl no tarda nada en reconocer en la fotografía el medio al que pertenece. No quiere perder el tiempo buscando ejemplos a imitar. No desea quedar cautiva de un estilo determinado, sino alcanzar lo antes posible su sello personal. Paso a paso va adquiriendo destreza técnica, pero sabiendo desde un principio lo que más le va a interesar: los estilos de vida y conducta. Poco más tarde aparece en stern su primer reportaje gráfico en colores sobre unos mercados de Baviera.
Pero los trabajos por encargo no son más que una vía de acceso, mientras anda en busca de temas y proyectos. En 1980 investiga con enfoque cuasi etnológico el aposento predilecto de los alemanes, su sala de estar, “adonde invitan al mundo a entrar para mostrarle lo que tienen”.
Si alguien tuvo esa idea por una banalidad, no tardaría en contemplar imágenes que dicen mucho sobre las gentes que arreglan en muchos casos sus salas de estar para impresionar a otros, como símbolos de status, como escenarios del progreso personal y como códigos cifrados de la pertenencia a una clase. Como contrapartida cabe nombrar su “jornada fotográfica de dormitorio en dormitorio”, realizada con posterioridad y que llevará a su autora alrededor del mundo. Estas miradas dirigidas a los rincones más íntimos tampoco son voyeuristas ni burlonas, sino inspiradas en el don de la descripción relajada. Herlinde Koelbl logra captar como pocos otros fotógrafos la personalidad de un individuo buscando huellas en su entorno, en su día a día y, desde luego, en el propio retratado. Y si el objetivo de la cámara no se da abasto, ella echa mano a la cinta grabadora o a la filmadora para dar responder la única pregunta le importa: ¿de quién se trata? Eso es lo que consigue con grandiosidad en los “Retratos judaicos” a los que dedicó cinco años de trabajo. La fotógrafa narra las historias de los supervivientes del Holocausto aun antes que el propio Steven Spielberg: el menor tiene 70 años; el mayor, 94. “Esta serie marca un hito de mi vida personal. En esos rostros descubrí numerosas huellas de vidas difíciles, mucha tristeza, pero al mismo tiempo una gran modestia y sabiduría”, comenta Herlinde Koelbl. A lo largo de las entrevistas va conociendo destinos atroces, pero en las personas de Erika Landau o Norbert Elias, de Josef Tal o George Tabori se percata de lo que significa vivir sin odio ni amargura. “El odio”, explica Erika Landau, “te destruye a ti mismo. Es como un bumerang”. La artista se sentirá siempre agradecida por esos encuentros que la exigieron bastante. Con Bruno Kreisky y Josef Tal llegará trabar amistad: la primera entrevista irá seguida de muchas más. Momentos dichosos en su vida profesional.
La primera exposición panorámica que se muestra en Alemania es un intento de arrojar más luz sobre el fenómeno Herlinde Koelbl. Para eso se procederá no en orden cronológico, sino temático. Basta conversar con ella sobre temas como la vivienda, la soledad, el trabajo o la violencia para notar en seguida que se está ante una artista conceptual en el mejor sentido de la palabra. Ella reúne todos los medios que necesita para fundamentar su mensaje. Y siempre está ensayando algo nuevo, midiendo fuerzas, probando la viabilidad de sus ideas. Son prácticamente desconocidas sus obras abstractas que acentúan las huellas de lo efímero: grietas en la esquina de una calle, o trozos de madera carbonizada con motivos fascinantes. Huellas de la belleza de las cosas que emergen de su obra una y otra vez. “Mi pensamiento”, dice, “siempre fue previsor, para eso he establecido mis propias normas que me permiten pensar en las cosas de otra manera.
Si un artista se distrae pensando en el efecto que va a producir un trabajo suyo, resulta que está perdido. La libertad de pensamiento, la libertad que exige mi trabajo han sido y son para mí absolutamente determinantes.” La artista se rebela más aún cuando en las casas editoriales le dicen que la edición de sus fotos debe resultar lucrativa.
Lo mismo ocurrió con las “Huellas del poder”, el estudio a largo plazo quizá más importante en torno a las élites de la República Federal Alemana. Como en sus sesiones fotográficas jamás distingue entre personas socialmente importantes y no importantes y se limita a verlas tal y cuales son, Herlinde Koelbl ha conseguido familiarizarse bastante con quince personajes públicos de Alemania, entre ellos Angela Merkel, Gerhard Schröder y Frank Schirmacher. Una cercanía que nadie había alcanzado antes de ella ni alcanzará tal vez después de ella. A lo largo de ocho años fue repitiendo su pregunta sobre cómo un cargo modifica a quien lo desempeña, si deforma la personalidad y cómo lo hace, dónde empieza la adicción y cuándo el “síndrome de abstinencia”. Esta observación es especialmente impactante y acertada en el retrato de Joschka Fischer, el precursor “verde” y posterior ministro de Exteriores. Herlinde Koelbl presencia los cambios de piel de este político que se reinventa una y otra vez para no desdecir su papel y es testigo de sinceras confesiones sobre las desavenencias por él atizadas en su vida privada. Nadie ha contemplado a Fischer con mayor autenticidad que Herlinde Koelbl. Es probable que hoy en día, él ya no concedería más entrevistas para hablar de sus fobias, su fracaso, su incapacidad y sus mujeres. Basta con observar el cambio de postura de Fischer para ver cómo se vuelve a cerrar el caparazón en torno suyo, con un gesto de estadista que ahora vale más que la confesión sincera. Herlinde Koelbl dedicó más de ocho años de labor intensa a los potentados, coleccionando todo cuanto los diarios escribían acerca de ellos. “Así llegué a entender muchas cosas relativas a las estructuras del poder, a beneficios y desventajas, a la confirmación del ego y a todo lo que hace falta para mantenerse en la cúpula”, refiere. “Las huellas del poder” es una tentativa fascinante de verificar en reiterados casos cómo la pretensión habitual de poder invade el propio yo. Herlinde Koelbl lo consigue juntando cercanía con distancia. Más de treinta años dura ya el viaje fotográfico de Herline Koelbl, un viaje en el sentido literal de la palabra, pues ella siempre ha razonado en términos de globalidad. Ahora hace escala en Berlín, ha rebuscado su archivo en busca de trabajos que trasciendan más allá del día de hoy. De ellos hay muchos, muchísimos que conservan su validez, que se han grabado en la memoria colectiva; otros son instantáneas que dicen mucho sin embargo sobre las cosas profundas de la vida, las que tanto importan a esta artista de la fotografía. “Mi interés se centra en el ser humano … pero profundizando más allá de la superficie. Ahí está todo el secreto.” Y el credo artístico de Herlinde Koelbl.
Ingolf Kern

